Pedro Segundo Tavacca

miércoles, 1 de junio de 2011

EL AUTOCONOCIMIENTO ( VIII )



“Si la conciencia y la actividad del hombre hállanse
continuamente concentradas en las cosas externas, la
luz que se irradia desde la centella divina desde el
interior del corazón, va debilitándose poco a poco y
desaparece finalmente; pero si se alimenta y aviva el
fuego interno destruye los elementos groseros, atrae a
otros sutiles que hacen al hombre más y más espiritual y
actualizan sus potencias divinas”.”

(Carta Rosacruz Nº I - “Sabiduría Divina”)


EL AUTOCONOCIMIENTO ( VIII )

Desde hace pocos meses quien
escribe, a título personal, efectúa
estos comentarios vinculados con un
tema no muy frecuentemente
comentado, relacionado con lo que
oportunamente fue publicado en “Ray
from the Rose Cross” (Rayos de la
Rosacruz), según la traducción
castellana adoptada por la Editorial
Kier S.A., bajo el título de:

Cartas Rosacruces

Se las agrupó en el cabalístico número de siete, a saber: I) Sabiduría Divina; II) El medio
práctico de acercarse a la verdad; III) Verdad absoluta y relativa; IV) La doctrina secreta; V)
Los
adeptos; VI) Experiencias Personales y VII) Los Hermanos.

¿Qué particularidad presentaban estos escritos de los Hermanos Mayores quienes
requirieron en su momento la intervención de Max Heindel para dar a conocer las Enseñanzas
Rosacruces, precisamente en los albores de la “Era de Acuario”?

Como aparentemente lo indican los títulos de las Cartas, la mayoría están vinculadas
con el difícil Sendero que debemos recorrer los estudiantes, del cual suele decirse que es tan
angosto como el filo de una navaja y la Carta que ahora intentaremos comentar someramente,
hace referencia a las dificultades que se encuentran en ese arduo camino. Precisamente las
Enseñanzas han llegado al mundo entrando la Era de Acuario que influirá ayudándonos para
que nuestra mente adquiera mayor profundidad, renovación y florecimiento, en la medida en que
podamos recibir y manejar las posibilidades que se nos están presentando.

Concentración en las cosas externas

Al hombre puede resultarle muy atractivo conocer el mundo exterior, sea viajando a los
más lejanos lugares, inclusive a la Luna, explorando a través de modernos telescopios los
misterios del cielo, profundizando a través de los microscopios de la más alta tecnología los
arcanos del átomo o adquiriendo una vasta información sobre materia esotérica, pero a las más
grandes revelaciones sólo podrá encontrarlas dentro de sí mismo, como lo dice esta Carta a
través de la luz que irradia “la Centella Divina desde el interior del corazón”. Con los términos
“Centella Divina” se pretende significar a la divinidad que anida como una chispa de fuego dentro
de los seres humanos.

Cuando se hace mención, en la Carta que intentamos comentar, a nuestra relación con
las cosas que están fuera de nosotros, quizás podría suponerse que se hace referencia
solamente al apego a las cosas materiales como ser propiedades, vehículos u otros bienes, sin
embargo se va más allá del hecho de que esas cosas nos manejen en lugar de ser nosotros
quienes las manejamos. ¿Por qué el comportarse de esa manera resulta desfavorable? Acá no
se trata de hablar de que se está cometiendo una infracción a reglas morales o espirituales sino
de que el adjudicar una primordial finalidad a lo material nos resta energías para vincularnos con
los más altos niveles espirituales.

Así ocurre cuando consideramos al mantenimiento de nuestro negocio comercial,
profesión u oficio, como el motivo principal de nuestro paso por esta vida y podemos agregar la
enfermiza ambición que a menudo nos impele a luchar por ocupar posiciones sobresalientes en
el ambiente en que actuamos sólo para halagar nuestra vanidad; lo cual ocurre en los más altos,
como en los más modestos niveles.

Lo ideal es cumplir con las obligaciones materiales que nuestro destino nos impone
brindándole la importancia que merece el aspecto espiritual que es la razón primordial de
nuestra existencia. De ahí que puede haber personas que vivan retirados totalmente del mundo
material con la finalidad de alcanzar ese objetivo.

Eso no es lo ideal porque lo más difícil y meritorio es vivir en el mundo sin ser del
mundo. Así lo hacen los Hermanos Mayores aunque no llevan una vida pública.

Quizás eso es lo que sugiere una anécdota de la que sería su principal protagonista un
maestro espiritual de mucha sensatez y sabiduría y al cual mucha gente iba a consultar para
contarle sus problemas.

En cierta ocasión fueron a verlo unos viajeros, quienes le expresaron que venían a
visitarlo porque estaban de paso en su lugar de residencia. Para iniciar la entrevista el maestro
les contestó con suma sencillez: “Les anticipo que yo considero que también estoy de paso”.

Actualización de potencias divinas
Esta primera Carta Rosacruz habla del despertar de la “potencia divina” lo cual nos lleva
a expresar que la mera acumulación de conocimientos teóricos no nos conducirá a ponernos en
su contacto porque uno de los primeros requisitos que hemos de cumplir es limpiar el desorden
que con frecuencia impera en nuestro mundo interior. No se trata solamente de adquirir una
apariencia de seriedad, o santidad ocupando cargos a los cuales se les ha adjudicado un rango
que está más allá de lo simplemente humano. Lo natural y más común es que todos en ciertas
épocas estamos en un estado de natural quietud, optimismo y alto nivel espiritual y en otras
épocas caemos en momentos de desilusión y negativismo; algo así como pasar del nivel más
alto de una ola del mar para caer luego al más bajo. En primer lugar hemos de tomar conciencia
de que así como cuando tenemos un desequilibrio físico debemos efectuar estudios o análisis
sobre todo nuestro cuerpo, una evaluación casi similar hemos de efectuar con lo que ocurre en
nuestro mundo interior. Pero aquí sólo se trata de que cada uno tomemos plena conciencia del
desorden, que en mayor o menor medida nos perturba, cuando caemos en contradicciones,
animados por el deseo de realización personal o llevando a cabo lo contrario a lo que
pregonamos; en síntesis debemos darnos cuenta de lo que ocurre en nuestra esfera psíquica
que alcanza una vasta complejidad.

Hemos de llevar a cabo con imparcialidad la observación de lo que en nuestro fuero
íntimo a diario estamos generando porque un estado mental contradictorio no se normaliza
solamente con realizar el esfuerzo para modificarlo. Sí logramos tomar conciencia de las causas
del posible desorden y contradicciones en que podemos caer, con seguridad la observación
misma efectuada con sinceridad, comenzará a ejercer su renovadora función. No olvidemos que
para que evolucione la humanidad en todos sus niveles se hace necesario el cambio interior de
cada uno de sus integrantes.

Este es el objetivo del autoconocimiento que permite que actúe el “fuego interno que
destruye los elementos groseros”, tal como puede leerse en la Carta que textualmente expresa
que “…hace al hombre más y más espiritual y así se actualizan sus potencias divinas”. Un
objetivo similar perseguía Cristo-Jesús el cual instaba reiteradamente a la gente a discernir para
alejarla del error, la confusión y el desorden. El autoconocimiento es la más antigua de las
actividades que practica el hombre y nos permite girar de la ignorancia inconsciente a la
ignorancia consciente para llegar a la sabiduría consciente.

Muy afectuosamente.

Pedro S. Tavacca
(tavacca.pedro@gmail.com)
20 de Mayo de 2011

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